Presentado en forma de un diálogo entre Jesús y el apóstol Tomás, este documento consta de 114 dichos o logia (del griego que significa palabras) más o menos lejanos de los cuatro evangelios del Nuevo Testamento.  
     
  Puede datarse hoy día el manuscrito de los años 350 aproximadamente, como el resto del cuerpo. Ahora bien, se ha establecido que se trata de una traducción griega, habiendo sido hallados 3 fragmentos que pueden datarse del año 200 aproximadamente. La versión griega del evangelio es, por consiguiente, anterior a esta fecha.  
     
  Los mejores especialistas no están de acuerdo todavía sobre su interpretación, pensando unos remontarse a los origines de Jesús, y los otros considerando el evangelio como la "fuente Q" del Nuevo Testamento (clase de base documentaria que habría permitido la redacción de los evangelios según la teoría avanzada por un sabio alemán del siglo XIX).  
     
  Si permite responder a algunas preguntas y aclara la diversidad doctrinal del cristianismo primitivo, el quinto evangelio permite ya observar a que punto la tradición cristiana no es inmutable. Se ha hablado a menudo de escritos "inéditos" de Jesús como una novedad secretamente guardada durante cerca de 2000 años. Sin embargo, el misterio que plana por encima de este documento puede verse explicado hoy en parte.  
     
  Se sabe que la biblioteca de Nag Hammadi ha sido escondida en el siglo IV de nuestra era, cuando el consejo de Nicea proclamaba la unidad de la fe y oficializaba la doctrina. Todas las desviaciones eran juzgadas entonces como heréticas. En reacción a la uniformización de la religión, los textos, muy naturalmente, se escondieron y protegieron esperando el momento de ser mostrados de nuevo. ¡Nadie había imaginado que permanecerían ocultos durante 1600 años!  
 
   
 

Santo Tomás es uno de los 12 apóstoles de Cristo y uno de los más populares a causa de su apodo de "Dídimo" que significa gemelo.

Según la tradición antigua, Tomás habría sido el gemelo espiritual de Jesús y habría tenido entonces acceso a la enseñanza secreta.

Evangelizador de las Indias, no quiso creer en la resurrección de Jesús antes de haber tocado sus heridas con las manos.

 
 
 
 
 
Debemos saber que el conjunto de los textos está disponible al público desde 1975. El evangelio de Santo Tomás ha sido traducido, publicado y comentado en varios idiomas y en su versión original es propiedad del Servicio de Antigüedades de Egipto y no del Vaticano, o de una congregación religiosa como ocurría con los documentos del mar Muerto.
Su primera edición fotográfica se produjo en 1956 y su primer estudio crítico se publicó en 1959.
 
Sin embargo, deberán esperarse 15 años en Francia antes de que salga una edición provisional y 15 años más para una versión íntegra. Se cuenta incluso que la obra crítica habría sido objeto de un proceso entre los miembros de la Iglesia y sus autores.
Censurada primero, la obra será autorizada dos años más tarde.
 
Conviene sin embargo moderar la polémica. La biblioteca de Nag Hammadi y su inestimable Evangelio de Santo Tomás tienen un valor histórico y teológico incalculable. Hay que comprender bien que el contenido de estos textos puede cuestionar las bases mismas de la cristianidad.
 
Este punto es suficiente para imaginar que el Vaticano sea capaz de disimular todas las pruebas que podrían situarse en contra de su doctrina, y que pudiera discutirla ampliamente.
No obstante, como lo afirma Jean Daniel Kaestli, profesor de teología de la universidad de Lausana y especialista de Santo Tomás, la Iglesia tiene conciencia del interés histórico de los textos denominados "marginales" y de la necesidad de estudiarlos.
   
  Pero, sobre todo, ¿debe temer algo cuando sus dogmas y su organización institucional han sido establecidos oficialmente en el siglo II?
En esta época es cuando ha empezado a guardarse toda la literatura marginal. Si no hemos conocido estos textos antes de 1945, no es a causa de la omerta religiosa, sino más bien porque éstos habían sido disimulados por sus adeptos y, luego, perdidos. Su existencia no era tampoco ningún secreto, puesto que Orígenes los menciona ya; lo que ocurrió es que no se sabía cual era exactamente su contenido.
 
 
 
 
Debemos distinguir entonces la preocupación puramente histórica del interés teológico de este documento.
 
La doctrina se basa, en efecto, en un testimonio. En el momento mismo en que la cristianidad decidía establecer una doctrina y una organización oficial, el consejo de Nicea ya había optado por no integrarlo en su enseñanza.
Poco copiado y llegado hasta nosotros en un ejemplar único, sabemos también que no ha logrado impactar un público amplio, teniendo un carácter más bien confidencial y esotérico.
 
Hoy día, la cuestión sigue dividiendo a la comunidad científica mientras que la Iglesia sigue rechazando completamente tomarlo en consideración.